Pelucas y postizos a lo largo de la historia.
Pelucas y postizos a lo largo de la historia.

Miércoles, 22 de Octubre de 2014

Historia de las pelucas y los postizos

Utilidades de las pelucas y los postizos

Hoy en día, la peluca ha adquirido un valor estético, que en general, nos ayuda a vernos y sentirnos mejor. Esto ocurre desde hace mucho tiempo, pero en algunas ocasiones, como veremos, ha tenido otra utilidad.

Los pioneros en la elaboración de pelucas fueron los egipcios,  las usaban en ceremonias o para protegerse del sol, ya que la mayoría de los hombres se afeitaba la cabeza. Eran auténticos expertos en la elaboración de pelucas naturales, como bien se puede comprobar en los ejemplares que hay actualmente repartidos por diferentes museos del mundo. En otras ocasiones, también combinaban la lana de ovejas negras, fibras de palmera y otros materiales.

En el lejano oriente eran menos frecuentes, ya que sólo las usaban los actores de teatro o las Geishas.

Fueron muy populares también, durante la época clásica en Grecia y Roma. Las pelucas rubias tuvieron mucho éxito durante este período, confeccionadas con los cabellos de los prisioneros del pueblo germánico.

Repentinamente, hacia el 629 D. C. el Concilio de Constantinopla excomulgó a los cristianos que llevasen pelucas, ya que relacionaron su uso con actividades festivas o pecaminosas.

Fue en el S. XVI cuando se volvió a rescatar su uso, sobre todo en las mujeres para compensar la calvicie. Otra función de las pelucas en aquella época era la de prevenir la tiña y los piojos, enfermedades muy frecuentes en aquellos tiempos a causa de las condiciones precarias de entonces.

En el caso de los hombres, fue el rey Luis XII de Francia quien las puso de moda entre este colectivo. Tras un largo exilio en Francia, el rey Carlos II de Inglaterra le encantó este complemento, imponiendo una nueva moda en su país. Por eso, durante esa época las pelucas adquirieron un valor social muy importante, considerándose una prenda imprescindible para los hombres de alta alcurnia.  Eran pelucas que llegaban a la altura de los hombros, muy elaboradas. Solían ser muy pesadas e incómodas. Para su fabricación utilizaban cabellos humanos (las más caras) o de caballo y cabra.

Durante el S. XVIII se llevaban empolvadas, para darles un color blanquecino. En el caso de las mujeres eran muy recargadas y voluminosas. 

En el próximo artículo os hablaremos sobre las pelucas en los años 60, época en la que en España adquirieron gran protagonismo.  

 

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